Los resultados del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas del ejercicio 2011


Acaban de publicarse las estadísticas correspondientes al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (en adelante, IRPF) del ejercicio 2011 (declaración 2012), en plena coincidencia con el fin de la campaña del IRPF del período 2013 y, dada la relevancia del impuesto para la recaudación del Estado Central y las CCAA (el primer tributo por volumen de recursos), su generalidad e incidencia política y social; parece necesario informar a nuestros lectores, siquiera muy sintéticamente, acerca de las mismas.

Impuestos (L)Estas estadísticas, serán objeto posteriormente de un análisis más exhaustivo por parte de otros organismos públicos, caso del Instituto de Estudios Fiscales.

El primer dato relevante, como manifestación de la generalidad subjetiva del gravamen y reflejo de la incidencia de la crisis, es que el número de declaraciones (no se incluyen los regímenes forales) se ha incrementado levemente hasta 19.257.120. Se rompe así la tendencia decreciente del período 2009-2010, resultado claro del impacto de la crisis sistémica en todas las actividades del país; ciertamente, el aumento respecto del año 2010, 210.610 declarantes, un 1,09%, es muy escaso, pero sorprende positivamente, pues los datos económicos del período 2011 no son, precisamente, muy favorables.

En cambio, la destrucción del tejido empresarial también se refleja en el estancamiento de las cifras de empresarios que, prácticamente, no aumentan pues la elevación de declarantes en estimación directa, 17.732, apenas compensa la destrucción de declarantes en estimación objetiva (EO), 16.341. Sin duda, esto se debe a un trasvase provocado por las  restricciones crecientes a la EO. En suma, de aumento de “emprendedores”, nada de nada.

Ahora bien, en materia de explotaciones económicas, el fenómeno interesante es el aumento significativo del “rendimiento neto total de las actividades económicas agrícolas”, con respecto a 2010, en un 7%. ¿Efectos de un buen año agrícola o reflejo de la mayor atención puesta por los ciudadanos en las actividades primarias, al haber abandonado la construcción y la industria como fuentes de renta?

Sigue, por otra parte, la reducción en el número de las declaraciones de modalidad conjunta, pero tal minoración, producto de la modernización de la sociedad española y de su mayor individualismo (otra cosa es que, moralmente, nos parezca tal tendencia positiva o no), no puede hacernos negar que el hecho de que existan todavía 4.341.304 declaraciones en tributación conjunta, a comienzos del siglo XXI,  dice mucho sobre los atavismos de la sociedad española y es una constante violación de los principios de igualdad de género, además, de tratarse de una fuente recaudatoria inexplorada.

Respecto a las modalidades de rentas declaradas, los rendimientos del trabajo son, como era de esperar, los grandes protagonistas (lo son, de todas formas, todos los períodos impositivos, así que no se trata de nuevas películas o estrenos, sino de producción en serie): un total de 17.605.040 de declarantes manifestaron percibir esta clase de rentas y los rendimientos del trabajo suponen el 82,3% del total de las rentas declaradas. Creemos que este peso de las rentas del trabajo es excesivo y se contrapone a la realidad de la distribución funcional de la renta en el país.

Donde la crisis no cesa de golpear es, de todas formas, en la media y mediana de estas rentas declaradas. Así, el rendimiento más común del trabajo declarado se sitúa en los 700 euros (ser mileurista en esta España de la segunda década del siglo XXI parece un logro imposible) y, en general, el rendimiento neto en remuneraciones dinerarias se sitúa en 22.349 euros, con un descenso interanual del 0,7%.

Las actividades inmobiliarias han incrementado su aportación al IRPF en un 2,5%, sin duda, por  la mejora en la lucha contra el fraude, por lo cual, no podemos sino abogar por continuar en esta línea de actuación. También se anota una significativa variación positiva del 9,4% respecto del año anterior en materia de base liquidable del ahorro que atribuimos a la guerra de retribuciones en depósitos y otros productos financieros, pues no parece que las ganancias de capital hayan sido generales en este contexto de depresión económica.

En materia de deducciones, la relevancia de la deducción por adquisición de la vivienda habitual, sigue siendo apabullante: el 84,4% del total, declarada por 5.802.211 declarantes. El fin de este incentivo absurdo, coadyuvante de la burbuja inmobiliaria y causante de graves distorsiones en el modelo de ahorro español, que se ejecutó el 1 de enero de 2013, tardará mucho en manifestarse en la capacidad recaudatoria del impuesto; asimismo, como aviso a navegantes y manifestación directa del “cáncer” recaudatorio que supone la introducción de cualquier deducción, destacamos el aumento, ¡en un 25%¡, de las deducciones autonómicas.

La pésima gestión de las CCAA en materia tributaria (salvo consabidas excepciones) vuelve otra vez a manifestarse en esta cifra, los contribuyentes han “aprendido” que las deducciones autonómicas se controlan bastante menos que las estatales y comunes y han trasladado sus, digamos, “esfuerzos reductores” de carga tributaria a este ámbito, aprovechándose, en otro orden de cosas, de la maraña y complejidad de unos incentivos, creados en muchos supuestos al capricho y arbitrariedad del cacique regional de turno y carentes de toda racionalidad económica. Este potencial “agujero recaudatorio” ha de encender una señal de alarma en la Política Fiscal del país.

Sorprendentemente, la nueva deducción por obras de mejora de la vivienda (¿para cuándo nuestros legisladores dejarán de beneficiar el “ladrillo” en sus diferentes variantes y actividades?) apenas ha supuesto 138.568 declaraciones, con una media de deducción en cuota de 458 euros. En cualquier caso, la mejora de la deducción en cuota por este concepto y la ampliación de su ámbito a viviendas que no sean la habitual, nos lleva a pensar que, pronto, tendremos un nuevo motivo de preocupación por su negativa incidencia recaudatoria.

Por último, interesa señalar, en un contexto de reforma de las pensiones, que la media de la deducción por aportación a Planes de Pensiones, 1.402 euros, es un nuevo recordatorio de que los incentivos tributarios a esta figura de previsión, que pueden conllevar una reducción de hasta 12.500 euros en la base imponible del IRPF, son totalmente injustos y, cuando se “clama” por la insuficiencia de recursos para nutrir las pensiones públicas, a lo mejor, sería bueno plantearse que, no perdiendo recaudación para fomentar pensiones “privadas”, podríamos disponer de los dineros que, dicen, necesita nuestro sistema de pensiones “públicas” para ser “sostenible”.

De todas formas, será, simplemente, un “a lo mejor”.

Domingo Carbajo Vasco.

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Acerca de Domingo Carbajo Vasco

Domingo Carbajo Vasco es Inspector de Hacienda del Estado, Economista, Abogado y Profesor en diferentes instituciones y escuelas. Posee experiencia internacional, en asuntos europeos, Twinnings y otras materias de consultoría fiscal y financiera.
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2 respuestas a Los resultados del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas del ejercicio 2011

  1. Javier dijo:

    gran artículo de recopilación sobre el IRPF

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