¿Hacia un Impuesto sobre Sociedades europeo?


En su última visita a Madrid, la canciller Merkel opinó que era deseable la armonización de la tributación sobre los beneficios de las empresas. En recientes declaraciones a la prensa económica (El Economista, 9 de marzo) el comisario Semeta ha anunciado que el 16 del corriente mes de marzo presentará una iniciativa relativa a una propuesta de directiva del Consejo para armonizar la base imponible del Impuesto sobre Sociedades.

De las declaraciones efectuadas por el comisario se infiere que no se trata de un proyecto nuevo, sino del rescate de uno que, desde mayo de 2008, permanecía en vía muerta. En efecto, bajo el influjo teórico del denominado Informe Bolkenstein (2001), la Comisión recogió el resultado del trabajo de un conjunto de grupos de expertos formados bajo su auspicio, que alumbró un sistema de tributación de los beneficios, conocido por sus siglas en inglés (CCCTB), integrado por los siguientes elementos:

  • La base imponible no se compondrá de los beneficios individuales sino de los del conjunto de las entidades que forman parte de un grupo fiscal europeo, esto es, los beneficios consolidados de ese grupo. Esta base imponible se determinará según normas comunes. Por tanto es una base imponible común consolidada.
  • La base imponible se distribuirá entre las entidades que integran el grupo en función de una fórmula de reparto predeterminada, integrada por tres factores: ventas, nóminas y activos. Por tanto el grupo de empresas europeo no deviene contribuyente, sino que continúan siéndolo todas y cada una de las entidades que lo integran.
  • El tipo de gravamen será el establecido por cada Estado miembro. Por tanto la armonización no versa sobre este aspecto tan esencial del tributo.

El sistema tendrá carácter optativo, lo que garantiza su aceptación por los contribuyentes, básicamente los grupos europeos y los grupos multinacionales con presencia en Europa.

El sistema CCCTB supone un giro copernicano en relación con el sistema de tributación vigente, fundado en bases imponibles individuales que son depuradas de los efectos de las operaciones entre entidades del mismo grupo por aplicación del principio de libre concurrencia según los criterios de la OCDE. En este sentido, se puede afirmar que el sistema CCCTB y el sistema OCDE se fundamentan en una filosofía diferente: bases imponibles consolidadas versus individuales.

¿Será aceptado este sistema por los Estados miembros? ¿Tal vez tan sólo por un grupo de ellos pero lo suficientemente numeroso como para alcanzar el dintel de la cooperación reforzada? ¿Cual será la posición de los grupos multinacionales? ¿Ofrece ventajas respecto del actual sistema?

La tributación sobre base imponible común consolidada reviste, básicamente, las siguientes ventajas:

  • Elimina radicalmente la doble imposición de dividendos. No obstante, esta función ya la venía cumpliendo, tal vez con algunas imperfecciones, la directiva matriz-filial.
  • Prescinde de las engorrosas correcciones por operaciones vinculadas, incluidas las concernientes a la subcapitalización, por obra y gracia de la consolidación. Al tiempo, y por la misma causa, frustra las maniobras de desviación artificial de beneficios.
  • Permite la compensación de las pérdidas sufridas por las entidades del grupo con los beneficios obtenidos por otras entidades del grupo, aun cuando residan en Estados miembros diferentes.
  • Facilita a los grupos de empresas el cumplimiento de sus obligaciones fiscales puesto que presentarán una sola declaración ante la administración tributaria del Estado miembro en el que la entidad dominante tenga su residencia (ventanilla única).

Todas esas ventajas remueven obstáculos para la realización de actividades económicas en el mercado interior.

Por otra parte, no menguan las posibilidades de planificación fiscal internacional para los grupos multinacionales que rebasan el ámbito europeo, ya que al no abarcar el sistema CCCTB la vertiente extra europea de los mismos quedan inmunes los desplazamientos artificiosos de beneficios hacia entidades de baja tributación, sin perjuicio, claro está, de que puedan ser objeto de normas anti abuso.

Además, la no armonización de los tipos de gravamen mantiene viva la llama de la competencia fiscal entre los Estados miembros, tan cara a los grupos multinacionales ya que, como la experiencia ha demostrado, es una de las causas que está tras el descenso paulatino, pero constante, de los tipos de gravamen del Impuesto sobre Sociedades a lo largo de la última década.

Sin embargo, el Informe Bolkenstein vio en la disparidad de los tipos nominales de gravamen la principal causa de la dispersión de los tipos efectivos de gravamen en el Impuesto sobre Sociedades, y en esta última una distorsión agresiva contra el correcto funcionamiento del mercado interior. Otros informes habidos en la estela de los trabajos e iniciativas armonizadoras como el Informe Ruding (1992) se pronunciaron en parecidos términos y propusieron una horquilla de tipos de gravamen, pero esta opción nunca fue contemplada con interés por la Comisión, sin duda consciente del rechazo que iba a suscitar en una colectividad de contribuyentes, como son los grandes grupos de empresas muy proclives a la denominada competencia fiscal.

Si es claro el apoyo que el proyecto CCCTB ha de recibir por parte de esos grupos, con tal que sea optativo, no lo es tanto que también las administraciones fiscales de los distintos Estados miembros hagan lo propio.

Véase que la ventanilla única ha de ser mirada con recelo por los Estados miembros que alojan mayoritariamente entidades filiales e, inversamente, con agrado por los Estados miembros donde moran mayoritariamente las entidades dominantes ¿Habrá administraciones tributarias preferidas por las multinacionales y otras repudiadas? ¿Se generará una suerte de mercado donde las administraciones tributarias compitan por captar la clientela de entidades dominantes de los grupos multinacionales? ¿Ha nacido un nuevo campo de competición fiscal? Sea como fuere, no se trata de una cuestión menor porque roza la médula de la soberanía de los Estados.

Es seguro que en los próximos meses todo lo referente al sistema CCCTB va a estar, con mayor o menor intensidad, en el candelero de la actualidad fiscal, excepto si otra vez es conducido a la vía muerta. La capacidad de convencimiento de la Comisión y la calidad técnica del proyecto, que pronto será conocido, no serán una baza menor.
En cualquier caso el proyecto parece contar con el respaldo de los Jefes de Estado o de Gobierno de la zona euro, los cuales han entendido que el desarrollo de una base común para el impuesto sobre sociedades podría ser una vía que, no incidiendo en los ingresos, asegure la coherencia entre los sistemas tributarios nacionales, respetando las estrategias tributarias nacionales, y contribuya a la sostenibilidad fiscal y la competitividad de las empresas (página 11 de las Conclusiones de 11 de marzo de 2011). ¿Es cálida o tibia esta declaración?

Eduardo Sanz Gadea

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Acerca de Eduardo Sanz Gadea

Eduardo Sanz Gadea es Licenciado en Derecho y en Economía.
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Una respuesta a ¿Hacia un Impuesto sobre Sociedades europeo?

  1. Jaime dijo:

    Estimado profesor:

    Soy un estudiante de Derecho y Economía en el último año de carrera, tuve que hacer trabajo sobre la base imponible consolidada europea y su artículo ha sido el único que me ha ayudado de verdad a orientar mi trabajo y a resolver todas mis dudas.

    Sólo quería agradecerle la gran contribución que ha hecho usted a la materia con este árticulo.

    Un cordial saludo

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