Una nota sobre “Gobernanza Económica” y armonización fiscal en la Unión Europea (I)


El presente artículo, debido a su extensión lo muestro fraccionado en dos partes. La primera de carácter introductorio y la segunda versará sobre las limitaciones de la armonización fiscal de la U.E.

A) Introducción

La salida de la crisis económica, aún inestable y “jobless”, es decir, sin recuperación del empleo y, evidentemente, con varios países rezagados en la recuperación (cuyo ejemplo más notorio es España), está volviendo a relanzar en el mundo las ideas de Reforma Tributaria y propiciar nuevos planteamientos de Política Fiscal, una vez que se difunde la opinión de que, después de la actual crisis sistémica, el modelo de intervención del sector público en la Economía será diferente.

Evidentemente, la relevancia de los problemas financieros de la zona euro, las propias dificultades de la UE para salir de la crisis, en especial, de alguna de sus economías: Irlanda, Portugal, Grecia y España, junto con alguna del Este Europeo (Hungría, Letonia, etc.), junto con el hecho de que la Unión Económica y Monetaria (en adelante, UEM) necesite una Política Fiscal apropiada para solventar la deficiencia del “Gobierno económico” europeo puesta de manifiesto en esta crisis, así como la debilidad de la armonización fiscal europea, plantean la necesidad de conocer cómo el debate tributario puede incidir en el futuro del sistema fiscal de la Unión Europea (en adelante, UE), una vez que Alemania, como líder del nuevo proyecto de construcción europea, haya propuesto las nuevas reglas de “gobernanza económica” en la UE.

Por un lado, es evidente que las economías que componen los 27 Estados de la UE (con alguna excepción y disparidad entre los datos) han soportado peor los efectos de la crisis económica que los bloques económicos con los cuales compite a nivel mundial, en particular, el Sudeste Asiático, incluyendo China y tampoco parece que la recuperación, dados los magros crecimientos del PIB que se predicen por el “consenso” internacional de estimaciones para el período 2011-2013 (alrededor del 1,5% año), invite al optimismo, a lo que unimos los persistentes niveles de desempleo, en el entorno del 9,5 % sobre la población activa (nuevamente, con grandes  variaciones sobre esta media, desde las naciones donde se practica el llamado modelo de “flexiseguridad” laboral: Dinamarca, Holanda, hasta el ejemplo paradigmático de Alemania(1), donde en sus peores momentos el índice de paro apenas ha superado el 7%).

Si a esto unimos, la descoordinación de las actuaciones europeas ante la crisis económica, el evidente fracaso de proyectos de reforma económica en la UE, planteados con gran fanfarria, tipo la “Estrategia de Lisboa 2010” y la ausencia de una voz única europea, incluso, para dar una solución coherente a la crisis financiera de un país europeo como es Grecia, no puede negarse que la Política Fiscal de la UE ha estado carente de capacidad de reacción ante la crisis sistémica y su persistencia.

Pero, ¿qué sucede en Europa con el plano tributario?

Pues que el grado de coordinación o de posibilidades de avanzar en este terreno es mucho menor todavía que en relación a las posibilidades de construir un auténtico “Gobierno económico” europeo, tanto por el nivel limitado conseguido hasta la fecha por la armonización fiscal europea como por la tremenda dificultad jurídica (y la UE, como no podía ser por menos, es un “Comunidad de Derecho”) de lograr, ante los múltiples interesados enfrentados, la unanimidad a la hora de tomar decisiones en materia impositiva.

Verdaderamente, podría aducirse que una de las causas que explican la poca capacidad de respuesta y la descoordinación de las acciones europeas ante la crisis, es la inexistencia de un modelo europeo consensuado de imposición y la descoordinación entre las diferentes acciones tributarias de los países europeos, por ejemplo, al inicio de la crisis, el Reino Unido rebajó transitoriamente el IVA, mientras que otros Estados han buscado rápidamente mayores recursos públicos, pretendidamente fáciles, mediante el incremento en las alícuotas de gravamen de este impuesto (2). Posteriormente, el propio Reino Unido ha situado su alícuota en lo que ya parece convertirse en la media de la UE: el 20% (3).

Sin embargo, más allá de la necesidad de un “Gobierno económico europeo”, no parece que exista la madurez suficiente para plantearse el mencionado modelo europeo en el terreno “fiscal” o que una de las reflexiones derivadas de la timidez de la respuesta europea ante la crisis sea la necesidad de reforzar la armonización fiscal europea.

Podemos señalar, por lo tanto, que puede ser factible que uno de los resultados de la crisis sea un relanzamiento de la armonización fiscal europea en los próximos años, en el contexto de un reforzamiento de la “gobernanza” económica europea, tal y como está proponiendo Alemania en relación a la armonización fiscal del Impuesto sobre Sociedades, a partir de las propuestas de Base Imponible Consolidada Común.

Ahora bien, los obstáculos puestos, entre otros, por Luxemburgo a los limitados avances que suponía la adaptación de la denominada “Directiva de imposición mínima sobre el ahorro”(4), conducen, nuevamente, a constatar la lentitud y las enormes  dificultades para avanzar en cualquier materia impositiva de la UE que supone la regla de la unanimidad y cómo intereses nacionales enquistados, de protección de sectores económicos relevantes (en este caso, del financiero), conllevan afirmar que cualquier coordinación de los ingresos públicos coactivos en los próximos años en Europa no será fácil.

Domingo Carbajo Vasco

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(1) Ruesga, Santos; da Silva, Jubilar, Monsueto, Sandro, Carbajo, Vasco. El modelo de flexiseguridad laboral y su posible aplicación a España, Ed. Fundación Ortega y Gasset, Madrid, 2011, en prensa.
(2) Passim. Para una descripción de las medidas fiscales anticrisis adoptadas en la UE en el ejercicio 2010, puede verse el Anexo del texto: EUROSTAT. Taxation Trends. Main results, Ed. EUROSTAT, July 2010.
(3) En realidad, la media aritmética sin ponderar para el tipo estándar del IVA de los 27 Estados miembros de la UE se situaba en el 2009 en el 21,5%.
(4) Delmás, Francisco. “Análisis de la propuesta de modificación de la Directiva del ahorro”, Crónica Tributaria,  n º 135/2010, páginas 87 a 144.
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Acerca de Domingo Carbajo Vasco

Domingo Carbajo Vasco es Inspector de Hacienda del Estado, Economista, Abogado y Profesor en diferentes instituciones y escuelas. Posee experiencia internacional, en asuntos europeos, Twinnings y otras materias de consultoría fiscal y financiera.
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